Hoy, como cada 29 de noviembre desde 1978, las Naciones Unidas celebran el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Una fecha simbólica que recuerda la aprobación del plan de partición por parte de la Asamblea General (resolución 181, de 1947).

Una fecha que también debería recordar que algunas paces (fin de la II Guerra Mundial, 1945), bajo promesas de vencedores (la británica de crear un ‘hogar nacional’ para los judíos a cambio de su apoyo durante el conflicto internacional), pueden generar conflictos duraderos con cientos de miles de víctimas. Una fecha que aprovechamos para hacer memoria histórica del conflicto del siglo XXI que más ha calado en la opinión pública.

El territorio de Palestina, situado entre el Mediterráneo oriental y el río Jordán, fue afectado por el plan de partición, establecido por Naciones Unidas en noviembre de 1947 (resolución 181), que proponía la división de la zona en dos Estados, uno judío y otro árabe, con un área –Jerusalén y Belén – bajo control internacional. La aprobación de la resolución celebrada por los judíos, que durante el altercado mundial habían iniciado una migración sin precedentes hacia la Tierra Prometida, fue, a su vez, rechazada frontalmente por la Liga árabe.

El 14 de mayo de 1948 los judíos declararían la Independencia del Estado de Israel, con el reconocimiento de Estados Unidos, URSS y la mayor parte de la comunidad internacional. Apenas dos días después, comenzaría la invasión del recién nacido por parte de egipcios, iraquíes, libaneses y sirios. Los seguirían las tropas transjordanas, asistidas por voluntarios sirios, libios y yemeníes. Se iniciaba así la Guerra árabe-israelí, y el primer episodio de un libro aún sin terminar. Esta primera guerra terminaría con el armisticio de 1949. Un año después Israel establecería su capital en Jerusalén.

Palestina se proclama como Estado Nacional en noviembre de 1988, pero sin contar con el reconocimiento internacional. Para conseguirlo, se constituye la Autoridad Nacional Palestina -de conformidad con la declaración de principios del Acuerdo de Oslo en 1993, y con los Acuerdos de Oslo I y II de 1994 y 1996, respectivamente, entre la Organización para la Liberación de Palestina y el Gobierno de Israel-. Presidida en sus inicios por Yasser Arafat, quien fue elegido por sufragio universal en 1996, la Autoridad Nacional Palestina ejerce como un gobierno local, con competencias limitadas en Asuntos Exteriores y de Seguridad y Defensa. No obstante, su objetivo final, la constitución del Estado independiente de Palestina, continúa siendo obstaculizado por elementos como la discontinuidad territorial, la dispersión poblacional y el estatuto de Jerusalén –que aspira a la co-capitalidad y es uno de los principales puntos de desacuerdo entre israelíes y palestinos.

Los conflictos entre Israel y sus vecinos han sido una constante durante estas seis últimas décadas. Los más importantes, tras la primera guerra árabe-israelí, se dieron en 1967 (Guerra de los Seis días, en la que Israel ataca Egipto, Jordania y siria, conquistando los Altos del Golán, la península del Sinaí, Gaza, Cisjordania y la parte occidental de Jerusalén), en 1973 (Guerra del Yom Kippur, por la que Egipto y Siria atacan Israel recuperando parte de los Altos del Golán), en 1975 (Guerra del Líbano, en la que Israel ataca al Líbano para expulsar a los palestinos allí asentados)… Por su parte, la primera Intifada (levantamiento popular de jóvenes palestinos contra el ejército israelí) comenzaría en 1987 y duraría hasta los acuerdos de Oslo. La segunda, motivada por la visita del entonces primer ministro israelí Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas –lugar sagrado musulmán- y pronunciada por el malestar desencadenado

por los ‘desacuerdos’ en las conversaciones de Tel Aviv, comenzaría en 2000 y se prolongaría hasta finales de 2004, con la muerte del líder palestino Yasser Arafat. La muerte del que fue premio Nobel de la Paz en 1994, condujo a la división del pueblo palestino: entre islamistas partidarios de Hamás y los seguidores del partido Al Fatah. Hamás ganaría democráticamente las elecciones legislativas de enero de 2006, con un 65% de los votos. Las reacciones a nivel internacional, sobre todo en Occidente, no se harían esperar exigiendo al vencedor de las urnas abandonar las armas y reconocer el Estado de Israel, para ser reconsiderada así su calificación de grupo terrorista y evitar el bloqueo inminente, que conduciría a una enorme crisis humanitaria en Palestina.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina y miembro de Al Fatah, Abu Mazen, no entregó el control de las fuerzas de Seguridad a Hamás, quien, ante la negativa, organizó sus propias fuerzas. Los choques entre ambas facciones se sucedieron, primero ocasionalmente y posteriormente, desde junio de 2007, con mayor intensidad. A la conquista de Gaza por Hamás, respondió el presidente de la Autoridad Palestina, disolviendo el Ejecutivo islamista y formando un nuevo Gobierno de emergencia, de muy dudosa legitimidad. Se iniciaría así una guerra civil con dos gobiernos paralelos: el de Al Fatah, liderado por Abu Mazen, en Cisjordania; y el de Hamás, encabezado por Ismail Radwan, en Gaza.

A finales de noviembre, tendría lugar la Conferencia de Anápolis, último de los muchos intentos por alcanzar la paz en Oriente Próximo. En ella, israelíes y palestinos (representados por Abu Mazen), aceptaban una hoja de ruta para alcanzar la paz antes del 2009, una paz que pasaría por la creación del Estado de Palestina. Tras más de 250 reuniones de grupos de trabajo palestino-israelíes encaminadas a alcanzar una resolución al conflicto, la liberación de presos y una tregua de seis meses, negociada por Egipto, entre Hamás e Israel por la que el primero cesaba los ataques y el segundo abría el cerco de Gaza (un bloqueo considerado por la ONU como grave violación de las leyes internacionales y humanitarias)… el horizonte de paz se desvanecía nuevamente el 19 de diciembre con el anuncio de Hamás del final de la tregua por el no respeto de lo estipulado por la parte contraria, al que seguiría un continuo lanzamiento de cohetes contra Israel… definitivamente, el 27 de diciembre de 2008, todo resquicio de paz se esfumaba con el ataque aéreo de Israel dirigido contra los edificios de Hamás en Gaza, uno de los más sangrientos de todas estas décadas de conflicto, saldado con cerca de 300 muertos y más de 700 heridos. Los ataques en días posteriores se llevarían la vida de más de 1.400 palestinos. La agresión fue inmediatamente condenada por la comunidad internacional, quien exigía un inmediato alto al fuego. Y así lo anunciaría el 18 de enero Hamás, aunque el statu quo previo al conflicto, con la retirada del ejército israelí de la franja de Gaza, no se completaría hasta el 21 de enero.

Un statu quo, sin embargo, de fría inestabilidad que, hace apenas quince días, se volvía a romper con el asesinato de Ahmed Jabari, jefe militar de Hamás, en un bombardeo israelí sobre la franja, al que seguiría la operación “Pilar defensivo”, a dos meses de las elecciones generales de Israel y a unos días de la votación de la ONU para reconocer a Palestina como Estado observador no miembro de Naciones Unidas, lo que supondría legitimidad internacional y posición reforzada en las negociaciones.

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