8 de marzo.

El Día Internacional de la Mujer no es un día de celebración, porque no hay nada que celebrar: la cotidianidad muestra que las mujeres no comparten los mismos derechos y libertades que sus homólogos los hombres; la violación de tratados internacionales, constituciones, leyes… recuerdan la conveniencia de comenzar a escribir sobre “papel seco”.

El Día Internacional de la Mujer es un día de conmemoración a las mujeres destinado a visibilizar lo que ocultaron hasta hace poco los libros de historia, escritos por caligrafía masculina. Es un día de memoria hacia quienes lucharon por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Es una página de un libro de viajes hacia la paridad en la diferencia.

La igualdad no se gana en un día.

El género, a diferencia del sexo, se construye (¡me atrevería a decir durante toda una vida!): encuentra sus cimientos en la educación, en la familia y en la sociedad misma; coge forma entre creencias, costumbres y valores sociales; y se perfila con la política y la economía que rige el lugar en el que nos toca vivir, desarrollarnos… No, no podemos esperar cambiar la mentalidad –los valores imperantes o aceptados en la sociedad- en un día, ni en un puñado de ellos. Es un proceso lento. Y las memorias ayudan a no despistarse entre señales ambiguas del camino, pero nunca está de más recordar que no son con intenciones (palabras) sino con pasos firmes (hechos) como se logran los cambios.

Pensamientos incompletos y reflexiones desde Twitter

Ayer yo no contribuí a visibilizar el Día Internacional de la Mujer. Hice poco más que pasearme por Twitter: escribí un par de mensajes cargados ¡eso sí! de intención, marqué algunos favoritos y leí con desgana los mensajes de las tendencias del momento #DíaInternacionalDeLaMujer, #DíaDeLaMujer. Más de lo mismo. Tuve curiosidad por saber  cómo vivía este día mi “comunidad ingenieril”, un sector tradicionalmente reservado a los hombres. Acudí a una de mis listas de Twitter, la de “ingeniería y carreteras”. Y casi me asustó el silencio.

Mis contactos vinculados a ingeniería habían compartido miles de mensajes en Twitter pero sólo unos muy pocos cientos mencionaban a la mujer. Quise soñar un segundo y me dije que en cuestión de infraestructuras ya estaba superada la igualdad de oportunidades, pero alguna ingeniera me despertó recordando la paridad inexistente. Luego observé cómo una joven red social, con fuerte gestión personal, levantaba la bandera: era Aggregatte.

La primera red social profesional del mundo de la construcción, energía y medioambiente decidió recordar a sus más de veinticuatro mil seguidores que siempre, pero más que nunca el 8 de marzo, la mujer debe ser visible. Y propuso concentrar mensajes bajo el hashtag #mujeraggregatte.

Con una estrategia, que se me antojó confusa, supo sin embargo mover a 183 usuarios vinculados al mundo de la construcción. Su programa del 8 de marzo estuvo dedicado a la mujer y para ello empleó todo un abanico de recursos: imágenes idílicas y surrealistas, fotografías reales (como la de una mujer india portando una piedra sobre su cabeza), citas, reflexiones, enlaces de interés… Los 343 tweets que contenían #mujeraggregatte lograron un alcance superior a las 1.850.000 impresiones.

Sin @aggregatte, el canal desde el que escucho a mi comunidad ingenieril no hubiera sintonizado en femenino, hubiera invisibilizado a la mujer el día en que medios y colectivos parecen gritar: “la mujer existe, trabaja, está entre nosotros”.

Lo cierto, es que ya no sé si portamos una capa que nos hace invisibles y a nosotras nos corresponde quitarla, o hemos de reclamar examen ocular y proceder a la graduación de ojos propios y ajenos.

¿Llevamos una capa que nos hace invisibles?

¿Llevamos una capa que nos hace invisibles?

2 Comentarios to “ El Día Internacional de la Mujer en mi red ingenieril ”
  1. Hola Bárbara, como te decía por twitter, me ha gustado el artículo, aunque tengo algunos puntos para discutir, o para reflexionar.
    A mí no me gusta el día de la mujer, porque señalarlo, implica muchas cosas, y ninguna buena. No creo que el decir aquí estoy, soy mujer, ten claros mis derechos, funcione. Los demás no cambian porque nosotros les exijamos el cambio. Cada uno cambia porque decide internamente que es mejor para él o para ella cambiar. Así que, toda exigencia, toda protesta, toda forma de decir de alguna manera, de señalar la circunstancia, no la arregla.
    Creo que si se quiere arreglar algo, si es consciente de ese algo, eso debe partir de nosotras, en este caso. Te preguntas si llevamos una capa invisible y si nos corresponde a nosotras quitárnosla, o reclamar. No sé si llevamos esa capa, lo que sí sé es que lo que sea que haya que hacer, lo debemos hacer nosotras.
    Muchas veces me he encontrado situaciones chocantes, malos modos, malos comentarios, a los que después les he dado muchas vueltas. Si yo hubiera tenido la cintura suficiente para ponerle humor en algunos casos, para ver con un punto de vista diferente, y no señalar siempre hacia una discriminación a la mujer, entonces hubiera encontrado otras herramientas, otras formas de gestionar la situación, que hubieran sido mejor para mí y para los demás.
    Es por lo que compartí lo de los adjetivos que me dedicaron: dulce, suave y zen. Se puede pensar que existe machismo, pero también se puede pensar que tienen una cultura dura, anticuada, que se prefiere la presión directa más que la indirecta, y muchas otras cosas más. Si me quedo pensando que es machismo, la situación difícilmente se arregla, pero si se piensa en otras posibilidades, entonces, puedes encontrar otras formas de hacer, e incluso, de generar conocimiento para tí misma.
    Los problemas no son tales cuando se tiene la habilidad de gestionarlos. Hay muchas situaciones injustas todavía en el mercado laboral para la mujer, pero con la protesta, y con el señalamiento del otro como machista o como cualquier otra cosa, no se logra nada. El cambio debe provenir de nosotras, de nuestra actitud, de dejar de reclamar y señalar al otro, y empezar a mirarnos y entrenarnos en que es posible mirar de otra manera, y en que es posible gestionar esas situaciones de otra manera. Cuando uno cambia, cambia todo alrededor. El cambio que exigimos al otro, busquémoslo en nosotras.
    Yo tampoco compartí nada ni dije nada especial ese día, más que compartir algunas de las reflexiones de nuestros queridos amigos de Aggregatte. Ni lo hice ese día, ni lo haré nunca. Prefiero la actuación, a través de buscar dentro de mí, aquellos prejuicios que me hacen querer señalar una falta en el otro, cuando yo, quizá, puedo cambiar mi forma de mirar.
    El cambio también significa decir no. Decir no a condiciones injustas, a comportamientos injustos, a sueldos injustos. Lo he hecho siempre, y siempre lo haré. Si todas pudiéramos tener esa posibilidad, que a veces decir no, no es posible, las cosas también cambiarían.
    Poco a poco.
    Para mí, la mejor noticia que pudiera haber, es que desaparecería ese día de la mujer, porque eso significaría que ninguna de nosotras siente que se encuentra en una situación injusta y desigual.
    Gracias por tu artículo, que me ha gustado, y me ha permitido reflexionar.

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    • Gracias por tus oportunas reflexiones, Oliva. Gracias por dedicar tiempo a escribir un comentario que en realidad es prácticamente un artículo nuevo. Creo que no puedo estar más de acuerdo contigo. Veo a las mujeres como agentes de cambio, no como sujetos pasivos; las veo valientes y capaces, no meras víctimas de una situación sobrevenida. Considero también que somos nosotras mismas las que debemos de mover valores y propiciar el cambio no en los días que señale el calendario o vengan de una institución internacional, sino cotidianamente, en cada decisión, en cada paso; en cada valor que transmitamos a nuestros hijos, en la educación que les demos.

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