El progresivo racismo institucional ha sido recogido en gran parte de los medios de comunicación españoles mediante declaraciones oficiales y explicaciones generalmente sesgadas relativas a la restricción del acceso de la Sanidad para los inmigrantes (Real Decreto 16/2012), los convenios de repatriación y las diferentes políticas de extranjería, entre las que cabe incluir la gestión de las fronteras de Ceuta y Melilla. A los artículos periodísticos referentes a las políticas de inmigración españolas (y en menor medida comunitarias), han acompañado noticias sobre la llegada (“oleadas”) de inmigrantes irregulares, maltratos y delitos entre la población extranjera, escándalos (e incluso motines) en centros de detención, etc.

Este panorama informativo, analizado cualitativamente, muestra la inmigración como un asunto eminentemente problemático y conflictivo, peligroso para la sociedad de acogida. Los inmigrantes aparecen reflejados, por un lado, como agentes delictivos y perturbadores del bienestar social, como un colectivo sin intención de integrarse socio-culturalmente. Por otra parte, especialmente en el caso de las mujeres musulmanas, se muestran como sujetos pasivos, seres inválidos, afectados por la precariedad y la marginación.

Los títulos sensacionalistas y las entradillas maniqueístas concebidas para un público ignorante en la materia (¿de la dicotomía debemos suponer que también incapaz de entender la complejidad de los fenómenos sociales?) son la cabecera de textos eminentemente dañinos, la punta de lanza y la justificación del ‘choque de civilizaciones’ huntingtoniano.

Es de justicia no caer en generalizaciones y señalar la existencia de contenido mediático valioso, generado por periodistas hastiados de ser altavoces políticos y por redactores pensantes, que refleja el lado más “humano” del proceso migratorio y exponen realidades poco populares. Eso sí, no nos llevemos a engaño: antes que aperturas informativas, páginas centrales y a todo color o portadas de medios online… sus aportaciones suelen ocupar espacios de opinión o blogs dentros del medio: importantes, sí; pero también menos influyentes.

Aún teniendo en cuenta la presencia de estas informaciones más imparciales, lo cierto es el desarrollo informativo de la inmigración en los medios de comunicación españoles apenas deja espacio para las noticias sobre la integración. En este caso, si los medios son espejo de la realidad de su tiempo ¿hemos de pensar que la integración (social, cultural, política, económica, etc.) no existe?

Los ciudadanos –siempre se ha dicho: más atraídos por las noticias negativas que por los mensajes esperanzadores– perciben la inmigración como un fenómeno negativo. Sin embargo, en las encuestas se describen (o se muestran) mayoritariamente como tolerantes y dispuestos a una convivencia pacífica ante vecinos con una nacionalidad, etnia o religión, distinta de la suya propia. Claro que esta tendencia se ha visto afectada por la recesión económica, que despunta la crisis de valores (en la que incluimos la crisis de identidad y posicionamiento frente al ‘otro’) sufrida por la sociedad europea durante los últimos años.

El interés creciente por el mestizaje y las culturas (en plural), así como por las alternativas a la globalización, demanda contenidos (audiovisuales, fotográficos, editoriales) que los traten. No obstante, la oferta mediática, en lugar de reflejar una auténtica realidad social multicultural, responde –en el mejor de los casos- con cuadros folclóricos superficiales antes que con fotografías y análisis sociales reales.

La actitud periodística a la hora de enfocar los sujetos migratorios no parece ser el resultado de una intención de fomento de racismo o alarmismo social, antes bien responde a un descuido persistente en el vocabulario y elaboración de informaciones, a la falta de profesionales de la comunicación realmente especializados en la materia y a la prioridad por atraer lectores (para fomentar las ventas y la publicidad) frente a la ética y deontología periodística (desde hace años y con permiso de “gloriosas” aunque contadas excepciones: también en crisis). En cualquier caso, las prisas por escribir y primar la inmediatez antes que la calidad, son únicamente un elemento secundario ya que una amplia mayoría de las noticias relativas a la inmigración se producen en prensa y los medios escritos se diferencian de los audiovisuales precisamente por centrarse en el contenido y el análisis antes que en la imagen y lo instantáneo.

Llegados a este punto, conviene destacar la labor de entidades pro derechos-humanos que mediante el uso de herramientas sociales logran que sus mensajes razonados lleguen a internautas (ciudadanos) ávidos de informaciones lo menos sesgadas posibles y, ¡cómo no!, a periodistas dispuestos a escuchar, a entender y a tomarse tiempo para pensar antes de producir (y publicar) sus contenidos.

Personnes d’ici et d’ailleurs – Bruxelles multiculturelle (X) | Créditos: Bárbara Fernández. Fuente: instagram.com/bafega

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